Antes de mostrarte nuestro trabajo, quiero hablarte desde el corazón...
Hay algo que nos fascina de los recuerdos: no siempre se registran de la manera que esperamos. A veces es una fotografía. A veces una canción. A veces un aroma. Y de pronto, por un instante, vuelves a estar ahí.
Quizá por eso hacemos lo que hacemos.
Hace 13 años, Karla comenzó a tomar fotografías siendo una adolescente soñadora con una cámara en las manos. Lo que empezó como una manera de guardar momentos se convirtió, con los años, en una forma de mirar la vida. Y en algún punto, esa historia dejó de ser solamente suya.
Hoy somos Karla & Oscar. Somos esposos, compañeros de vida y también compañeros de trabajo. Y creemos que esa parte de nosotros tiene mucho que ver con la manera en la que contamos historias.
Nos gusta lo que permanece. Las fotografías que con los años empiezan a significar todavía más. Las miradas que quizá nadie más vio. Las manos que se buscan entre tanta gente. La abuelita que sonríe desde una mesa. La emoción de un papá intentando contener las lágrimas. La luz entrando por una ventana. Las risas que no estaban planeadas.
Nos gustan esas cosas porque también somos así en nuestra propia vida: nos emocionan los detalles, lo nostálgico, lo bonito, lo que tiene historia y lo que se siente un poquito como una película.
Y quizá por eso nuestro trabajo nunca ha sido solamente hacer fotografías bonitas.
Nos importa cómo se sienten.
Nos importa que, cuando reciban sus fotografías y películas, encuentren momentos que ni siquiera sabían que alguien había visto. Que años después puedan volver a ellas y descubrir algo nuevo. Que no solamente recuerden cómo se veía ese día, sino cómo se sentían estando ahí.
Llevamos la parte de fotografía y edición con una mirada profundamente artesanal. La consideramos artesanía digital porque disfrutamos el proceso lento de transformar cada imagen hasta encontrar ese pequeño equilibrio entre realidad, emoción y belleza. Y compartimos esa misma sensibilidad desde el mundo del video. Juntos encontramos una manera de contar las historias que nos gusta: con movimiento, música, silencios, detalles y esos pequeños momentos que hacen que una película se sienta viva.
Y quizá nuestra parte favorita de trabajar juntos es que no vemos las cosas exactamente de la misma manera.
A veces uno nota algo que el otro pasó por alto. A veces una toma nos lleva a otra idea. A veces simplemente nos miramos y sabemos que acabamos de encontrar ese momento.
Después de tantos años juntos, hemos aprendido que hacer equipo no significa hacer siempre todo igual. Significa conocernos lo suficiente para confiar en lo que el otro ve. También sabemos lo que significa estar del otro lado.
Nosotros fuimos novios antes de ser esposos. Planeamos nuestra propia boda, hicimos nuestras propias listas, imaginamos cómo sería ese día y finalmente lo vivimos con todas las emociones que vienen con él. Por eso, cuando estamos detrás de una cámara en una boda, sabemos que para ustedes no es simplemente un evento. Es uno de esos días que, aunque dure unas horas, van a recordar durante toda una vida. Y nos parece un privilegio enorme poder estar ahí. No sabemos exactamente qué fotografía será la que más van a querer dentro de veinte años.
Tal vez será el retrato que hoy consideran imprescindible, o tal vez será una fotografía que ni siquiera sabían que existía. Solo sabemos que queremos estar atentos para encontrarla. Porque al final, eso es lo que hacemos: miramos con atención para que ustedes puedan recordar con el corazón. Gracias por dejarnos formar parte de sus historias.